Las películas más importantes de 2009

Alfonso Molina - Ideas de Babel
UNA LISTA MUY ESPECIAL

Como cada final de año, comparto con ustedes mis apreciaciones sobre las películas más importantes estrenadas en Venezuela en los últimos doce meses. Fíjense que no escribo las mejores del 2009, como en ocasiones anteriores, sino las más importates del 2009. Prefiero ahora recordar aquellas piezas fílmicas que han hecho un aporte a la cultura cinematográfica o han marcado un giro importante en la trayectoria de sus autores o han generado polémica por diversos motivos, más allá de los debates sobre la calidad intrínsica de cada obra. (...) Ésta es mi última columna de 2009. Regresaré a principios de 2010. Muchas felicidades a todos.

Bastardos sin gloria, de Quentin Tarantino, EE UU. Parece una película de guerra, pero no lo es. Tiene aire de spaghetti western pero echo en falta a Sergio Leone. ¿Cine negro? Lo más probable. A ratos semeja una película de gángsteres y podría serlo. Bastardos sin gloria puede ser todo eso, para satisfacción de muchos, pero es algo más. El nuevo film de Quentin Tarantino es un homenaje al cine de la serie B, al exceso estético con escaso presupuesto, a las historias de acción que se burlan de sí mismas con sonrisa irónica. Pero sobre todo es un canto a la irrealidad que trasciende los límites de la historia. (...)

Crimen de autor, de Claude Lelouch, Francia. Autor de medio centenar de películas, Lelouch supera los 70 años de edad y, sin embargo, se mantiene muy activo. (...) Film de suspenso donde el juego de las apariencias se despliegan en sus 103 minutos para desarrollar una historia de escritores que engañan, cada cual a su estilo, y sorprenden al público hasta la última escena. Puro ingenio.

El luchador, de Darren Aronowsky, EE UU. “Los mejores años de mi vida fueron los ochenta”, confiesa la ex estrella de la lucha libre Randy “The Ram” Robinson a su amiga Cassidy, guapa y madura stripper de un club nocturno de Nueva Jersey, mientras escucha un viejo tema de Guns n’ Roses. Randy y Cassidy son dos perdedores que dejaron atrás la sincronía con los tiempos en boga. Ambos pertenecen al mundo del espectáculo, pero no al universo de la fama y las celebridades. El primero acusa el paso de los años mientras sobrevive en el morboso mundo de la lucha libre, suerte de farsa deportiva mezclada con mucha sangre y brutalidad. La segunda contonea su cuerpo desnudo ante una clientela sin mucho glamour, para obtener los recursos que le permitan educar y mantener a su hijo. Así es El luchador, nuevo film del norteamericano Darren Aronowsky, protagonizada por Mickey Rourke, que conmovió con una triste historia del anonimato.

El sustituto, de Clint Eastwood, EE UU. A punto de cumplir 80 años, Eastwood representa hoy no sólo una de las mentes creadoras más lúcidas del cine norteamericano sino también una de las más prolíficas, si tomamos en cuenta que casi cada año dirige dos largometrajes de alta calidad. El sustituto, el primero de sus filmes que se estrenó en 2009 en Venezuela, constituye la reconstrucción de un hecho real sucedido en Los Ángeles que en 1928 conmovió a la opinión pública. Christine Collins, una madre soltera, regresa a casa y descubre que su hijo de 9 años ha desaparecido. Tras cinco meses de desesperación y búsqueda infructuosa, de pronto el Departamento de Policía de la ciudad le anuncia que ha encontrado a su pequeño Walter. Cuando va a buscarlo, en un acto donde concurren la prensa y el público, destinado a lavar la mala imagen de la policía, se da cuenta que el chico que tiene ante sí no es su hijo. Pero los funcionarios policiales no aceptan sus argumentos y la conminan a aceptar a este otro niño. (...)

El vuelo de la mariposa, Julian Schnabel, Francia. Sin duda, se trató de la mejor película del pasado Festival de Cine Francés, cuyo título original es Le scaphandre et le papillon, es decir, la escafandra y la mariposa. Reafirma el talento desbordante del neoyorquino Schnabel, reconocido artista plástico que en 1996 dio el salto al cine con la celebrada Basquiet, en torno del polémico pintor de vanguardia, para consagrarse en 2000 con Antes que anochezca, su desgarradora visión sobre el drama del poeta cubano Reinaldo Arenas que arrancó aplausos por doquier. Ahora le tocó el turno a otro personaje de la vida real. Jean-Dominique Bauby, jefe de redacción de la famosa revista francesa Elle, sufrió en 1985 un accidente cardiovascular que lo inmovilizó totalmente, a excepción de un ojo. Sin poder hablar, sólo podía comunicarse con el parpadeo que marcaba letra a letra en un alfabeto especial para su “escritura”. Así surgió su autobiografía, La escafandra y la mariposa, que se convirtió en un auténtico best-seller, reconocido, además, por la crítica literaria. (...)

Fados, de Carlos Saura, España y Portugal. A sus 77 años, Carlos Saura sigue emocionándonos con su cine inquieto y sensible, que no se detiene, que evoluciona en busca de nuevas formas de expresión. Con Fados (2007) abrió otro capítulo en su serie musical que ha indagado en las expresiones de la cultura andaluza —Bodas de sangre (1981), Carmen (1983), El amor brujo (1986), Sevillanas (1992), Flamenco (1995) e Iberia (2005)— y en la cultura del Río de la Plata —Tango (1998)— de una manera envolvente y ambiciosa. Con su más reciente obra se sumerge en el melodioso lamento del pueblo lisboeta de una forma conmovedora, no sólo por la vigencia y evolución de una expresión musical portuguesa de gran belleza sino por la maestría en el manejo del lenguaje cinematográfico para construir un documental pleno de poesía y comprensión.

Gran Torino, de Clint Eastwood, EE UU. Los Estados Unidos de América ya no son como antes, obvio. En 1968 cayó asesinado Martin Luther King por defender los derechos civiles de la población de origen africano. Cuarenta años después —nada en términos históricos— el mismo país estrena un presidente negro, que recibió el apoyo de los electores de su raza, de los ciudadanos latinos, de los inmigrantes asiáticos y también de los votantes blancos. Esta situación ilustra los cambios operados en la nación más poderosa del mundo. Ese es el país que observa como director Eastwood en Gran Torino, un drama contemporáneo que comienza enfrentando la vieja Norteamérica con la nueva para concluir en el rescate de los valores de su sociedad, en medio de la violencia y el desconcierto.

La duda, de John Patrick Shanley, EE UU. Estamos ante un ejercicio narrativo impecable. Sobria y precisa, La duda puede vincular de manera muy coherente, al abrir la película, el primer sermón del padre Brendan Flynn con la última y desconcertante confesión de la hermana Aloysius Beauvier, directora de la escuela privada católica Saint Nicholas, en el Bronx de 1964. Principio y final de un drama sobre la fe, la intolerancia y la compasión. Un año antes había sido abatido John Fitzgerald Kennedy en Dallas. La duda sobre el futuro de un país se había posesionado de una población que esperaba grandes cambios de un presidente católico de origen irlandés. A su vez, el Vaticano daba muestras de reforma en la Iglesia. La integración de la población afroamericana se mostraba como una necesidad. Estaba a punto de estallar una de las décadas más transformadoras del siglo pasado. Y allí, en ese barrio neoyorquino, a punto de entrar en invierno, se lleva adelante el duelo entre la rígida madre superiora del colegio y un progresista cura que aboga por los cambios de la función sacerdotal. (...)
La elegida, de Isabel Croixet, España y EE UU. Titulada en español de manera incorrecta, esta Elegía de Croixet continúa su carrera ascedente como exploradora de las necesidades de la afectividad en seres que buscan o rechazan las oportunidades que les brinda la vida. Es la historia de un profesor universitario acostumbrado a su rutina como seductor de sus alumnas hasta que encuentra a una muchacha de origen cubano que trastoca su forma de entender la existencia. Muy buenas interpretaciones de Penélope Cruz y Ben Kingsley.

La visita de la banda, de Eran Kolirin, Israel. Lo que subyace en el film es la necesidad ineludible de traspasar los límites de la incomunicación entre seres humanos que tienen que vivir y convivir por todos los siglos de la vida. La egipcia Banda de la Policía de Alejandría arriba a territorio de Israel para ofrecer un concierto en una pequeña comunidad, pero en el trayecto se pierde y va a parar a otra localidad en medio del desierto, donde establecen relaciones con los vecinos para alimentarse y pasar la noche hasta que llegue el próximo autobús. Hombre recto y controlado, Tewfiq es el director del grupo musical que reúne a intérpretes de los antiguos temas árabes. Expresión de la sensualidad y la vida, Dina es la dueña del pequeño restaurante del pueblo. Tewfiq no habla hebreo, Dina no habla árabe. Sólo se pueden comunicar en inglés y a través de la música. En una noche las vidas pueden cambiar. Una película sencilla y magnífica.
Libertador Morales, el justiciero, de Efterpi Charalambides, Venezuela. Drama y comedia en una parroquia caraqueña donde la justicia es una entelequia, la vida un acto de supervivencia y la cotidianidad un azar peligroso. En ese contexto ubicó Efterpi Charalambidis los personajes de su primer largometraje Libertador Morales, el justiciero, obra que se enlaza con una tradición popular ya abordada por esta directora venezolana en su premiado corto El chancecito que data de 2004. Moradores de una existencia urbana que ponen a prueba cada día sus miedos y esperanzas. Allí vive un ex policía convertido en mototaxista, con su madre y su hijo adolescente. Lo peculiar del personaje reside en su extremada corrección ciudadana. Libertador Morales hace honor a su nombre y cita con convencimiento las palabras de Simón Bolívar, su “homónimo”. Esa actitud de justicia lo conduce a enfrentar a una banda de delincuentes que azota al barrio y descubre algo más que un acto de responsabilidad. Una visión muy interesante sobre nuestra sociedad.

Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar, España. Película obsesiva, incontenible, personal y compleja, ha dividido opiniones y no ha pasado desapercibida. Cuando se estrenó en Cannes de este año, leí la crítica española presente en el festival y me hice la idea de una pieza que marcaba la decadencia del cineasta español más universal de la contemporaneidad. Más allá de los prejuicios, encontré en la nueva obra de Pedro Almodóvar una mirada sobre sí mismo y sus obsesiones, en primer lugar, y sobre su afectividad desbordante hacia los personajes femeninos, en segundo término, sin excluir su amor por el cine y su fascinación por el juego de las máscaras. Porque, en definitiva, se trata de los desvelos constantes en su filmografía: amores imposibles, infidelidades, vidas dobles, venganzas, enajenación. Muy Almodóvar.

Milk, de Gus Van Sant, EEUU. De atrás hacia adelante. Así está narrada la nueva película de Gus Van Sant que retoma su derrotero social en la sociedad estadounidense contemporánea. (...) Harvey Milk, aquel homosexual de Nueva York que a principios de los setenta decide reformular su vida —a los 40 años, no era un niño— para mudarse a la calle Castro de San Francisco y mostrar su verdadera condición sexual. Milk habría de devenir en un líder de la comunidad gay de su ciudad y, poco a poco, en un dirigente de las minorías discriminadas en la sociedad californiana y, a la postre, estadounidense. Un personaje que ya es historia y que marcó una tendencia. Es lo mejor del Van Sant de los últimos años.

Quémese después de leerse, de Joel y Ethan Coen, EE UU. Después del éxito de Sin lugar para los débiles, con Oscar incluido, los hermanos Joel y Ethan Coen regresaron al plano de la comedia con una historia que roza el absurdo sin abandonar la ironía. En las postrimerías de la era Bush han trabajado la historia de un grupo de perdedores vinculado de forma directa o indirecta con el universo del espionaje y más concretamente con las interioridades de la CIA. Quémese después de leerse es una burla amarga de la mala conciencia norteamericana, aderezada con chistes un tanto retorcidos y una salida desconcertante.

Quisiera ser millonario, de Dannny Boyle, Reino Unido. No es la India de Gandhi ni de la madre Teresa de Calcuta, tampoco la del Taj Mahal y de la espiritualidad profunda que estamos acostumbrados a ver en las películas. Es la otra India, implacable y dura, que ha devenido en potencia industrial y en gran mercado del lujo, a pesar de sobrellevar una de las pobrezas más terribles del planeta. En los suburbios de Mombai ubica Boyle —Oscar como mejor director— una historia fantástica, que elude el realismo de la lástima y toma mucho de Oliver Twist, para plantear una esperanza en medio de la miseria. La deuda con Charles Dickens es clara desde el principio aunque trasciende el relato infantil y juvenil y termina ironizando sobre el éxito, el dinero y el poder de los medios en la sociedad contemporánea La verdad es que Quisiera ser millonario no tenía rivales en la contienda del Oscar, como no los tuvo en la competencia de la academia británica.

Sector 9, de Neil Blomkamp, Suráfrica. Tal vez sea uno de los filmes más extraños e impactantes del año, no sólo por la particularidad del tema que toca sino por la inusual forma de narrarlo. Es una obra de ficción pero guarda características propias del género documental. Al principio vemos y escuchamos las entrevistas con periodistas, testigos y especialistas que hablan sobre el extraño caso de una comunidad de extraterrestres que viven en el sector 9 de Johannesburgo, Sudáfrica, como si se tratara de una experiencia conocida y discutida en el mundo entero. (...) Además, la ópera prima del surafricano Neil Blomkamp redimensiona el género de la ciencia ficción y propone una visión distinta de los alienígenas.
Sólo un sueño, de Sam Mendes, EEUU. Con tan sólo cuatro largometrajes, el inglés Mendes ha labrado una presencia muy particular en el panorama del cine contemporáneo. Tras haberse destacado como uno de los mejores directores de teatro del Reino Unido, incluidas sus puestas en escenas para la Real Compañía Shakespeare, debutó en el cine con American Beauty (1999), mirada terrible a la cotidianidad de una familia clase media acomodada que tuvo la particularidad de haber sido narrada desde la perspectiva de un muerto. Después vinieron Camino a Perdición (2002), con el gran Paul Newman, y Jarhead (2005), sobre el drama de la guerra, hasta llegar a Sólo un sueño (“Revolutionary Road”) que le permite retornar al cine “familiar” de una forma desconcertante. Una pareja joven, en 1955, lleva la típica vida de un suburbio de Connecticut. Frank y April Wheeler parecen el matrimonio perfecto, viven en una casa hermosa, tienen un par de niños bellos y todo parece estable. Pero no son felices. Él odia su trabajo en Nueva York, pero no se atreve a abandonarlo por razones económicas. Ella ha renunciado a construir una trayectoria como actriz, la carrera que estudió en la universidad. De pronto, surge el sueño de irse a vivir a París, donde podrán vivir haciendo lo que quieren. Sólo un sueño. O una pesadilla.

Sueños y delitos, de Woody Allen, Reino Unido y EE UU. Allen suele desplazarse de la comedia al drama con bastante agilidad, como lo ha demostrado en los 43 largometrajes que ha dirigido desde 1965. (...) Sueños y delitos, tercero de sus filmes producidos en Londres, plantea un drama muy a lo Dostoiesvky en torno a la codicia, la ambición, el egoísmo y la crisis moral. Dos hermanos de origen humilde tratan de abrirse paso en sus respectivas mediocridades. Ian trabaja con su padre en el poco exitoso restaurante familiar mientras sueña con hacer unas improbables inversiones en el área hotelera de la lejana California. Terry, en cambio, es un mecánico de coches lujosos carente de ambición, que tiene una novia muy comprensiva y es adicto al juego. Ian conoce a una bella actriz y necesita aparentar lo que no tiene. Terry requiere dinero urgente para saldar sus deudas de juego antes de que la mafia le quiebre las piernas. De pronto llega el exitoso tío Howard y les propone una acción que cambiará sus vidas… y no en sentido figurado. Comienza entonces un gran dilema ético que los arrastrará hasta lo insólito. Crimen y castigo.

Swing con son, de Rafael Marziano Tinoco, Venezuela. Quien vaya a verla buscando un homenaje a Billo Frómeta se quedará un tanto perplejo. El que espere una biografía completa del músico de origen dominicano echará en falta algunos datos que la película de Rafael Marziano dejó fuera del montaje. Lo mismo le sucederá a quien busque un film musical al estilo tradicional. Porque Swing con son es —ante todo— la evocación de un personaje que influyó de manera determinante en la forma de festejar de los venezolanos, que impuso un tipo de música popular hegemónica en las radios y los salones de baile a través de medio siglo y que marcó un sendero hasta ahora indeleble en la forma como un hombre venido de lejos se identificó con un país y sobre todo con una ciudad que ya no existe. La Caracas de Luis María Frómeta hace rato que se convirtió en otra, pertenece a otra época, pero permanece en el registro creador de sus contemporáneos y se preserva gracias a sus fans, que son muchos. Swing con son es una película sobre la herencia de un creador y su época.

Un lugar lejano, de José Ramón Novoa, Venezuela. Cuando la muerte se anuncia comienza otra etapa de la vida. El tiempo de la verdad, de la comprensión, de la aceptación. Muchas cosas pierden el valor que tuvieron y otras adquieren una riqueza no sospechada. De alguna manera no muy bien definida es más fácil reconocer lo importante sobre lo superfluo. En el caso de Un lugar lejano, nuevo film del realizador venezolano de origen uruguayo José Ramón Nóvoa, lo que siente Julián Palacios, ante el cáncer irremediable que le han anunciado, se acerca a la necesidad de entender el porqué de las cosas que suceden o están por suceder. Fotógrafo venezolano reconocido en Europa, decide regresar en el tiempo y el espacio para buscar la foto que nunca hizo, allí, en algún lugar lejano, que por paradoja lo ubica en algún espacio más cercano al corazón, con personas y situaciones que abren nuevos caminos. Una película muy hermosa sobre esa etapa distinta de la vida.

1 comentario:

Carmen dijo...

Raúl Baltar Estévez: “EXTERIOR trae a las pantallas venezolanas la XIII Edición del Festival de Cine Español”

Durante el año 2009, EXTERIOR enfocó sus esfuerzos a optimizar sus canales de servicio, incluyendo la consolidación de su red de 103 oficinas a escala nacional, mejoras en sus cajeros automáticos, crecimiento en puntos de venta, automatización de su centro de contacto e Internet e -24, así como de ampliación de su servicio de notificaciones Móvil e-24, para ofrecer a sus clientes los mejores estándares de calidad de atención y seguridad.

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